Pazyryk: la tataraabuela de todas las alfombras

By Ninara from Helsinki, Finland - Y1A2617 Hermitage, St. Petersburg, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=76071849

Imagen: Alfombra decorada de Pazyryk-5. Por Ninara from Helsinki, Finland - Y1A2617 Hermitage, St. Petersburg, CC BY 2.0

Imagina una tumba en lo más alto de las montañas de Siberia, cerrada hace 2,400 años, con su tesoro guardado bajo el hielo. Ahí apareció la alfombra tejida a mano más antigua que se conoce.

¿Dónde queda Pazyryk? Es un valle en las montañas del Altái, en el sur de Siberia, dentro de la República del Altái, en Rusia. Está cerca de donde se juntan las fronteras de Rusia, Mongolia, China y Kazajistán: una zona alta, fría y muy remota. Allí los pueblos nómadas enterraban a sus jinetes en túmulos, y por eso el lugar dio nombre a toda una cultura, la cultura Pazyryk.

Un hallazgo que parece cuento. En 1949, el arqueólogo ruso Sergei Rudenko excavaba uno de esos túmulos. Siglos atrás, ladrones habían entrado a saquear la tumba, pero sin querer dejaron pasar el agua. Con el frío extremo de la región, esa agua se congeló y selló todo por dentro. Gracias a ese hielo, la alfombra llegó hasta nosotros casi intacta, con sus colores todavía vivos.

Una obra de arte, no un primer intento. Lo más asombroso es su finura: unos 36 nudos por centímetro cuadrado, un tejido delicado y muy pensado. Eso nos dice algo hermoso: cuando esta alfombra se tejió, el oficio ya llevaba muchísimo tiempo perfeccionándose. Sus orillas muestran una procesión de jinetes y de ciervos, y el centro está ordenado en cuadros con flores. Todo tiene ritmo y equilibrio.

Un misterio que sigue abierto. ¿Quién la tejió? Nadie lo sabe con certeza. Algunos piensan que vino de Persia, otros de pueblos de Asia Central o del Cáucaso. Lo que sí sabemos es que viajó lejos, hasta esas montañas remotas, y que alguien la valoró tanto que la acompañó en su último camino. Hoy ya no está en el Altái: se conserva en el Museo del Hermitage, en San Petersburgo.

Por qué nos importa hoy. Pazyryk nos recuerda que anudar una alfombra a mano es un arte con más de dos milenios de historia, y que cada pieza que tejen hoy las familias en Irán, India, Turquía, Pakistán o Afganistán es parte de esa misma cadena. 

“En HEBRA ATELIER nos emociona pensar que, al elegir una alfombra hecha a mano, uno se une a esa historia.”